OPINIÓN | Réquiem a Juan Carlos Gil, el último Gran Señor del micrófono chileno

Emilio Freixas Lillo
Director General / Propietario
De Culto Radio

Antes de comenzar, no quiero que me malinterprete. Siempre he dicho y seguiré sosteniendo en público como en privado una verdad irrefutable: no sólo soy un locutor, sino que un hombre de radio, y AMO MI OFICIO. Sin embargo, a pesar que desde sus orígenes los locutores hemos estado lígados a la historia y al desarrollo de la radiodifusión, muy pocos han marcado una verdadera diferencia como para inscribir sus nombres con letras de oro en los anales de la radio en Chile.

Son los que podría denominarse “los caballeros radiales”, aquellos personajes cuya voz no sólo les daba una impronta única como un todo. No eran “patrones de fundo”, pero eran verdaderos Señores del micrófono, tanto dentro como fuera del locutorio (si, con todas sus letras y con mayúsculas).

En este grupo tan privilegiado, encontramos personajes de la talla de Raúl Matas, Julio Martinez  (el rey de la oratoria por excelencia), Julián García-Reyes, Eleodoro Achondo, Sergio Silva o Javier Miranda, sólo por nombrar algunos. Pero aún con todo, muy pocos profesionales llegan a ser tan completos como lo fue Juan Carlos Gil, quien murió este miércoles a la edad de 83 años.

El emblemático locutor no sólo estuvo fuertemente ligado a Radio Minería hasta su cierre en 1999, sino que también jugó un rol clave en la promoción y difusión del rock chileno de los ’80 en su calidad de Director de Programación de la emblemática Radio Galaxia (probablemente mi emisora de cabecera durante mi adolescencia, a pesar del poderío indiscutido de Concierto en esos años). Pero no sólo eso, era tan completo que además se daba el lujo de componer canciones, crear jingles, escribir poemas y además grabarlos con su voz, algo que desgraciadamente hoy no se da.

En una era donde las radios no sólo suenan igual, sino que sus contenidos a ratos llegan a ser tan intrascendentes hasta decir basta, y en donde los locutores millenials sencillamente tienen un ego tan grande para hablar derechamente mal, la figura de Juan Carlos Gil llega a ser tan potente que incluso registra a su favor un record mundial de locución de más de 70 horas allá por 1977, pero no con un propósito egoísta de ostentar un record, sino que con otro aún más altruista como ayudar a un colegio en la comuna de Llay-Llay, en la Región de Valparaiso. El record duraría varios años. Háganse esa.

El locutor oriundo de Antofagasta, cuyo verdadero nombre era Juan Alfonso Ossandon Gil, se dio maña hasta para enseñar a las nuevas generaciones de locutores, y antes que el nepotismo fuese una bandera de lucha por parte de las redes sociales, hizo debutar a su propio hijo, Juan Andrés Ossandon, en la misma Radio Galaxia en 1987.

Con semejantes pergaminos, Juan Carlos Gil no merecía una muerte tan ingrata, pues no sólo debio lidiar con los achaques propios del envejecimiento e incluso con una larga y penosa enfermedad, sino que también debio convivir en sus últimos años con la soledad, esa invitada de piedra que nadie quiere pero que siempre se las arregla para instalarse en el momento menos oportuno. Eso quedó de manifiesto durante su última aparición pública durante la celebración del Dia Nacional del Locutor en el Palacio de La Moneda.

Rodolfo Herrera Llantén, destacado locutor y ex-compañero de Juan Carlos Gil, señalaba una verdad tremenda que venimos relatando hace varias columnas: “no se están dando locutores de la calidad, del profesionalismo de Juan Carlos Gil”.

Y es que aunque nos duela a quienes trabajamos en el medio, hoy por hoy no hay un sólo profesional del micrófono que sea capaz de hacerle el peso a un monstruo del micrófono como Juan Carlos Gil, no sólo porque en un país que de por si habla mal y escribe peor, hablar correctamente pareciera ser un delito de marca mayor. Los locutores no hablan, gritan, y si alguno llega a hablar, o no modula, o no sabe impostar la voz, o simplemente habla tan plano que termina cansando al oyente en menos de 5 minutos.

Los locutores estamos llamados a cuidar nuestro trabajo, a darle valor, y lo más importante: a respetarlo. El que los locutores tengamos instaurado por Ley un Dia Nacional ha sido un avance en pos de devolverle la dignidad a este oficio, pero no es suficiente. Si no somos capaces de respetarnos y hacer respetar nuestro trabajo, lo más probable es si, no vuelvan a haber profesionales de la calidad y el profesionalismo de Juan Carlos Gil.

Algunos buscan la gloria y el reconocimiento, personalmente no quiero la gloria, prefiero el reconocimiento sincero, pero sobre todas las cosas que me respeten por mi trabajo. Se fue Juan Carlos Gil, el último gran Señor del micrófono.

(Visited 12 times, 1 visits today)